Guia de Cementerios
LAS “TRECE ROSAS”

Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Avelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

La represión franquista dejó sucesos tan dramáticos que, lejos de perderse en el olvido, se han convertido en mito. Es el caso de trece chicas, fusiladas en 1939, contra la tapia de un cementerio de Madrid simplemente por ser “rojas”, siete de ellas, menores de edad. Sus nombres quedan hoy tatuados, definitivamente, en la historia. Desde entonces, el pueblo las conoce por las “TRECE ROSAS” .

Juzgadas el 3 de agosto, condenadas a morir en el plazo de 72 horas, sin esperar sentencia alguna, y apenas 24 horas mas tarde, 13 de aquellas mujeres y 43 hombres fueron ejecutados ante las tapias del cementerio del Este, tapia que podéis observar más abajo. Quince de los fusilados ese 5 de agosto de 1939 eran menores de edad, por entonces establecida en los 21 años. La más joven aún no había cumplido los 16 años.
Las jóvenes, serenas, repartieron sus pertenencias entre las reclusas, se lavaron y peinaron, se pusieron sus más bonitos vestidos y esperaron con serenidad y sangre fría que vinieran a llevarlas a la capilla. Ya allí, , les permitieron escribir una carta a sus familiares, y cada cual empezó a redactar aquel recuerdo que hablaría de aquella aberrante injusticia cometida.
Consolaron a las otras reclusas que lloraban, asegurando que se sentían felices de dar su vida por una causa justa. Cuando vinieron sus verdugos, las trece menores salieron gritando “VIVA LA REPUBLICA”.
Julia Conesa escribia: Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”. Fueron éstas las últimas palabras que dirigiría a su familia con 19 años.

Fué Blanca Brisac, quien mejor lo manifestó, mientras se despedia de su hijo esa noche, ya en capilla: “Voy a morir con la cabeza alta… Sólo te pido… que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor… Tu padre y yo vamos a la muerte orgullosos., que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Enrique, que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la cimentaron a mí… Hijo, hijo, hasta la eternidad…”.

Eran modistas, pianistas, sastras, amas de casa…
Hoy su recuerdo vive en el cementerio de la Almudena, en este monumento levantado en su memoria.
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Agosto 7th, 2007
Posted by admin in Cementerios Madrid |

